Según el prestigioso científico:
"Tenemos una resistencia natural a la ciencia del amor, y no nos gusta ver que obedece a ciertas reglas determinadas por el cerebro, como nos dice la neurociencia. Preferimos verlo como algo misterioso, poético y espontáneo, sobre lo cual no podemos tener ningún control. Entramos en un bar y vemos alguien que inmediatamente nos atrae (...) "
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